JORGE HERNÁNDEZ. Director de la Fundación Canaria Yrichen

Nuestro objetivo es que la gente quiera a su barrio y que el barrio se haga querer.

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La intervención de la Fundación Canaria Yrichen dentro del Plan Integral de Jinámar, por nuestra experiencia de treinta años ayudando a superar adicciones, tiene que ser en el área de la salud, la prevención y la asistencia. El reto está en integrar nuestro programa dentro de los otros ámbitos, que intervienen en la salud poderosamente, aunque se conciban independientes, como es, por ejemplo, el de medioambiente.

 

Nuestro objetivo es que la gente quiera a su barrio y que el barrio se haga querer, orientando los espacios públicos, los servicios y la creación de empleo hacia las personas. Es decir, priorizar Jinámar como espacio de convivencia. Para conseguir esto, y conseguirlo de manera sostenible nos enmarcamos dentro de las Estrategias Europeas 2020 para plantear, no un programa aislado, sino una estrategia integral de crecimiento inclusivo para la zona.

 

Cuando hablamos de contextos empobrecidos debemos evitar los paternalismos, y más aún evitarlos en nuestras intervenciones, realizarlas con las personas, no para las personas. Y esto se consigue aunando el máximo de participación por parte de todo colectivo, escuela, asociación y persona interesada aunque no esté organizada. Pero para esto hay que innovar, y hacerlo en las formas, en el cómo ejecutar un programa con participación afectiva, que es la participación  verdaderamente efectiva. 

 

Yrichen no es nuevo en este barrio ni en el enfoque participativo. Una de las ideas que sembramos hace años en Jinámar fue, precisamente, la creación de grupos autogestionados  de apoyo y seguimiento a personas con adicciones. Yrichen aportó su formación, pero a día de hoy este grupo se mantiene de manera independiente en el barrio, con autonomía, gracias al apoyo de la gente a esta intervención.

 

Me imagino una Jinámar de futuro, que sea valle de arriba a abajo, porque la gente, a base de creatividad ha transformado las construcciones que no facilitaban la convivencia en espacios de color. Donde se viva a gusto. Un barrio donde se haya cambiado el estigma de la marginalidad por sentimientos de arraigo y pertenencia.