EL CAFECITO CAPÍTULO 3

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    Buenos días Jinámar, son las 09 de la mañana, una hora más en la península. 

    El sol brilla en el parque de la Condesa, con una temperatura de 23 grados, los pajaritos cantan al son de las máquinas del equipo de parques y jardines y el grupo de mujeres de Xiomara entrena, como cada mañana.

     

    La terraza de la Condesa, aparte de ser el lugar de entrenamiento de este grupo de mujeres, es la única cafetería que está en todo el parque.

     

    Soraya, su dueña, nos explica qué se puede tomar en este maravilloso lugar

     

    Cafecito, pulguitas, batidos y mucho amor.

     

    Oh, pues marchando un leche y leche cargadito de amor.

     

    Soraya, hoy venimos a tomar café, pero del bueno, de calidad.

    ¿Cómo es el que ofrecen ustedes?

     

    No es que yo lo diga, pero el café que tenemos aquí es exquisito.

    Encima, cuando no estoy yo, el cafecito lo hace mi hija: Estefanía.

     

    ESTEFANIAAAAAAAAAAAA

     

    Ya sabemos donde vamos a tomar el café. Ahora, conozcamos a nuestros protagonistas.

     

    Antonio tiene 70 años muy bien llevados, fue celador en el materno infantil y ahora es el sacristán en la Iglesia de Jinámar. 

     

     Nuestra siguiente invitada, se llama Ana, vive en la calle Manuel Alemán Álamo y entrena con el grupo de mujeres en el parque de la Condesa.

     

    y a la última persona ya la conocen. Que por cierto… ¿dónde está?

    Ah mira por ahí viene.

    Soraya es dueña de la pizzería el dorado, la terraza de la condesa y lleva más de 40 años viviendo en Jinámar .

     

    Ya estamos todos. Comenzamos.

     

    Hola, buenos días.

    Hola ¿qué tal?

    ¿Qué tal?

    Aquí a tomarnos el cafecito, la hierbita, lo que haga falta.

    Muy bien, muy bien.

    Me trae muchos recuerdos esta casa aquí porque mi abuelo era arrendatario de El Conde.

    Y entonces, teníamos derecho al suero y a la lecha de todos los días.

    Se ordeñaban aquí.

    Veníamos a recogerla del ganado.

    Antonio ¿cuánto tiempo llevas aquí?

    y ¿a qué te has dedicado a lo largo de tu vida?

    Ah, mira, yo tengo ahora mismo 70 años.

    Me dediqué en primer lugar a atender a los niños de las guarderías.

    Yo le daba clases cuando eran pequeños,

    les enseñaba las primeras letras,

    los atendía como guardería,

    después ya me dediqué al trabajo, que mi trabajo siempre fue en la sanidad,

    en el hospital materno, allí cogí la plaza en el año 82 y ahora me dedico fijo a la iglesia.

    Antes era medio día y ahora es el día entero a abrir la iglesia y atender a la gente que llega para decirle a la hor que es el archivo y todo eso.

    Qué bonito, qué bien.

    Soraya y tú ¿qué tal?

    ¿Qué tiempo llevas por aquí? y ¿a qué te has dedicado durante tu vida?

    Yo llevo aquí en Jinámar ya 43 añitos.

    Parece que fue ayer, pero sí, 43 años.

    Y, no sé, es parte de mi vida,

    Jinámar para mí es un sitio maravilloso.

    Yo tengo una pizzería en la segunda fase en la calle Manuel Alemán Álamo, 

    gracias por ayudarme Ana.

    Sí, hace 25 años que tengo la pizzería. 

    Con tantas ganas de seguir en Jinámar, 

    voy y monto también un kiosquito aquí para el cafecito, 

    para los vecinos, para el que viene, 

    para que respire del pulmón de Jinámar,

    porque esto es un sitio maravilloso,

    donde hacemos deporte, 

    no me pierdo nada de Jinámar porque es parte de mi vida.

    ¿Y tú Ana?

    También llevo aquí 40 años,

    ahora el 3 de diciembre, viviendo, y la verdad que mi casa es Jinámar.

    Yo vengo de otro barrio,

    que es el mismo que el tuyo, creo.

    Sí.

    Nos conocemos desde pequeñas.

    Sí.

    Y nos hemos vuelto a encontrar aquí.

    Nos hemos vuelto a encontrar aquí y yo no lo cambio.

    Ahora mismo, no lo cambio.

    Yo no lo cambio.

    Jinámar es mi casa.

    Sí.

    ¿Qué hacemos ahora?

    ¿Pedimos un café?

    Claro.

    A mi me gustaría un leche y leche corto.

    Y tú ¿de qué lo quieres?

    Café solo con sacarina.

    ¿Y tú?

    Yo prefiero una infusión, una manzanilla.

     

    Miren a Antonio, aparte de celador y sacristán también podría ser camarero.

     

    Hola, buen día.

    Gracias.

    A ver.

    Cogemos cada uno el nuestro.

    Gracias.

    Sin el cafelito, no soy nadie yo.

    Yo tampoco.

    ¿Verdad?

    Yo mi cafecito y mi aire libre, por favor.

    Mira ¿qué importancia tiene para tí todas las actividades que haces aquí?

    ¿Se hace todo el día?

    Mira, de entrada, 

    yo me apunté con Xiomara, 

    hace cuatro años.

    Me apunté cuando mi madre estaba en un momento muy difícil de su vida y yo necesitaba sacar de mi cabeza más de cuatro problemas,

    entonces un poco lo hice por ello y claro, lo hice más bien por el estrés mental.

    Pero claro, después también me ha ayudado mucho la actividad física, 

    aunque esté un poquito rellenita, 

    pero bueno, mentalmente estoy muy bien y aparte de eso,

    he conocido gente maravillosa.

    Un sitio maravilloso para conocer gente magnífica, pero magnífica.

    Nosotros aquí somos como una familia.

    Tenemos un grupito que hemos crecido como familia.

    Y, Antonio ¿cómo te va a ti en la iglesia, recibiendo a los vecinos todos los días?

    Recibo a la gente, no solamente de arriba, sino vienen de, mucha gente viene de la parte esta nueva.

    Van a ver a la Virgen, van a preguntar sobre la catequesis, 

    si quieres recibir los sacramentos arriba.

    Y la verdad que, estoy muy contento con la labor que represento y la aceptación que tiene la gente.

    Es decir, yo no miro que sea Jinámar Valle.

    Yo siempre abogo por que sea Jinámar desde la cumbre hasta los límites de Hornos del Rey, que todos seamos uno.

    También preocuparme, como no,

    porque ya somos como amigos, vecinos y todo,

    si están enfermos, si tienen algún problema,

    si está en el hospital, 

    todo eso como una familia más que representamos.

    Ana y ¿cómo era Jinámar cuando llegaste?

    Yo he visto bastantes cambios aquí en Jinámar.

    A nivel personal, parece que la gente ha cogido ya más conciencia.

    ¿Tú te acuerdas de aquella época cuando llegamos aquí, que no teníamos ni Salcai para entrar en Jinámar?

    Me acuerdo muy bien, porque yo en esa época trabajaba en el sur y para llegar a mi puesto de trabajo a las 7 de la mañana, 

    que trabajaba en Arguineguín, tenía que salir caminando esas barranqueras que ahora, no sé, pero parece que apenas llueve,

    o será que como tenemos otros medios facilitan.

    Pero me acuerdo de llegar enfangada al trabajo, hasta aquí, porque teníamos que correr y caminar hasta abajo, hasta la autopista.

    A coger el Salcai.

    Me pegué muchas mañanas yendo a la autopista para ir a trabajar al sur.

    Muchísimos años.

    Muchísimo tiempo y lo que tu dices,

    me cogía la lluvia, el viento.

    La lluvia, el viento, el frío.

    Se me echaban a volar las cosas,

    como digo yo, una vez se me echo a volar la bufanda y el gorro, con el frío que hacía esa madrugada.

    Salir a las cuatro de la mañana y llegar, que te digo, a las siete de la tarde.

    Antonio está pensativo. Qué anécdota se le estará pasando por la cabeza…

    A mi me viene a la mente cuando esto eran fincas.

    No había asaderos, no había nada porque eran fincas.

    Pero después la procesión de la Concepción,

    que es el día 8 de diciembre,

    la Condesa abría su finca y la gente vení y tendía los manteles debajo de los eucaliptos y ahí almorzaban hasta que eran las cinco o las seis de la tarde y ya después se marchaban.

    Bueno, es que siempre fue un encuentro comunitario.

    Un espacio verde.

    Era una tendida de manteles como la que se puede ver hoy en la bajada de la Virgen de El Hierro.

    Más o menos.

    Eso se podría retomar.

    Esas cosas se podrían retomar porque son cosas buenas y sanas y que entretienen también.

    Es que es un espacio muy bonito.

    Soraya, ¿qué le hace falta al barrio de Jinámar para que esté más unido?

    Yo creo que para construir comunidad hacen falta más espacios.

    Con el deporte que hacemos aquí,

    con la actividad que hacemos,

    empezamos 10 mujeres y no llegaba a diez y a día de hoy tenemos 70 y pico mujeres que venimos a hacer deporte.

    Para el momento en que llueva, por ejemplo, que no se puede hacer nada.

    Cuando hace mucho sol, porque aquí a las 10:30 de la mañana no hay sombra ninguna.

    Pero lo que yo noto es que debe de haber más unión, representar la unión de todas las asociaciones, de todos los colectivos, que hay muy buenos colectivos aquí, en esta zona tenemos los colectivos más importantes del municipio de Telde.

    Entonces, si todos ponemos nuestro granito de arena, esto cambiaría porque aquí hay gente muy sabia.

    Aquí hay gente de muchas carreras.

    Si.

    Cuando pasa un incidente sale en la televisión,

    pero, no sale nunca la gran docencia que existe en ese valle, 

    que es todo Jinámar.

    Este cafelito me ha parecido una cosa nueva en Jinámar y muy bueno.

    Yo quisiera que se repitiera otra vez.

    El ratito ha sido muy agradable.

    Súper.

    Y de todas formas, habría muchísimas cosas más que hablar, 

    que seguramente que nos hemos quedado atrás.

    Contentísima de que esto se haya hecho aquí en la cafetería La Condesa y que sigamos haciendo estos encuentros, 

    porque es muy bonito seguir construyendo comunidad. 

    Y con la tertulia de estas tres personas, un sacristán, una empresaria y una deportista, nos despedimos.

     

    Estefanía, ¡la cuenta!

    El amor no me lo cobres que no tiene precio.

     

    Nos vemos en el siguiente episodio de El Cafecito.

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